miércoles, enero 11, 2006

Misa de Réquiem


Hoy fue un día demasiado intenso y algo triste. No he parado de trabajo, en la mañana tuve que ir a la Municipalidad de Santiago, a una conferencia que dio el alcalde Raúl Alcaíno para dar a conocer al nuevo vicepresidente del Teatro Municipal, Gonzalo Parot. Todo bien, hasta que, a media tarde, revisando los cables, descubro que murió la soprano sueca Birgit Nilsson (1918-2006). Tuve que escribir su obituario y sacar reacciones de melómanos y de gente que la conoció. A medida que avancé en mi reporteo, me comenzó a dar mucha pena. Venga este homenaje a una de las sopranos más brillantes que nos dio el siglo XX. Cómo no olvidar su "Salomé", de Richard Strauss, realmente de antología, dirigida por Solti, una de mis grabaciones favoritas y, la verdad, uno de los tesoros preciados de mi pequeña colección de discos. Le decían justamente la voz de acero o el cañón sueco, por su voz dramática, capaz de sobrepasar una gran orquesta, con buena fibra, empuje y aliento, lo que la hizo ser una de las insuperables intérpretes de Wagner y de Strauss. Otra de mis grabaciones inolvidables es su "Turandot", junto a Franco Corelli y Renata Scotto, mal que mal también fue catalogada como una de las mejores Turandot del siglo XX, como bien dijo en una preciosa entrevista concedida al Mercurio: "Su violencia (refiriéndose a este personaje pucciniano) no es normal ni natural, aun cuando la vida de un ser humano no significaba mucho para esa gente... Yo creo que ella les tenía miedo a los hombres. Había oído tantas historias que le habían contado sus antepasados que estaba completamente confundida. Uno de los hechos más grandes de mi vida fue que me llamaran para abrir la temporada de La Scala, el 7 de diciembre de 1958, con "Turandot". Fui la primera no italiana, salvo Maria Callas, a la que se le otorgó el privilegio de abrir una temporada de ese teatro".
Qué mujer más extraordinaria, una diva de la ópera. La voy a extrañar demasiado.